"Ven Muerte tan escondida..."




....Un día, hace mucho tiempo, pensando que las distancias siguen siendo enormes, oímos hablar y leímos sobre "algo" que estaba matando a la gente, un virus que parecía venir de un lugar concreto... pero de muy lejos.... "¿Quién va a pensar que aquí, en mi casa... ? Vamos, venga ya...."


Como si fueran Historias de mapas imaginarios como los de la Tierra Media, argumentos de obras literarias terribles o películas catastróficas.... "que no, que no..."


Pero tal vez la humanidad llevaba demasiado tiempo dormida en su indolencia (¿inocencia? : jamás )


Parece que han pasado siglos de este primer pensamiento, porque tan confinados vivimos que el tiempo se dilata como en la obra de Dalí.


No sé cuándo comenzó esta solidaridad de aplaudir mientras los muertos caen por miles … parece haber pasado una eternidad.

Una eternidad desde que sucumbimos a la negligencia, a la falta la de recursos, a las actitudes timoratas de gritos inanes de “Tú rojo”, “Tú facha” y, mientras, entre esos dimes y diretes, los hilos de la muerte seguían su cruel expansión y ésta, abrazando con tanta fuerza, que sus víctimas fallecían sin aire en sus maltrechos pulmones.

En medio de la tragedia y sin un horizonte alentador, los ancianos, solos en hospitales y residencias, gente común y no tanto, personas como tú y como yo cayendo sin una mano amiga a su lado mientras la oscuridad más temida llega inexorable en el momento de nuestros más profundos miedos; aquellos que nos despertaban de niños entre el sudor de pesadillas horribles.

No hay crespones negros en la televisión, no hay culpables: todo va bien. La ideología ha vencido a la humanidad; no es 2020 es 1984: La censura está en tu propio vecino si te ven yendo a por el pan o si no sales a aplaudir. Somos Winston Smith.


Comendador Escrivá, escribió un poema a principios del XVI que rezaba:

“Ven muerte tan escondida,

Que el placer de verte venir,

No vuelva a darme la vida”

No puedo pedir auxilio, no puedo pedir humanidad, no puedo pedir responsabilidades, no puedo hablar libremente, no me tomarán en serio en mis noches de profunda tortura… Pero le puedo pedir a la muerte que sea clemente si viene a llevarme, y que no se deje ver, que no me despierte de mi sueño… eso es por seguro, lo único que nos queda si estamos prestos a morir si este virus nos invade de manera fatal.




Francisco Sanchis Cortés



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